El bienestar psicológico no es simplemente la ausencia de problemas de salud mental. Se refiere a la capacidad de una persona para adaptarse, crecer y funcionar de manera eficaz en la vida cotidiana, incluso cuando se enfrenta a desafíos.
En el proyecto FLOW, entendemos el bienestar como un proceso dinámico. Surge del equilibrio continuo entre:
Este equilibrio no es automático. Depende de un conjunto de procesos de regulación psicológica que ayudan a niños, niñas y personas adultas a gestionar la atención, las emociones y los pensamientos en la vida diaria.
Cuando estos procesos funcionan correctamente, las personas pueden aprender mejor de la experiencia, afrontar el estrés, mantener relaciones significativas y construir un sentido coherente de quiénes son. Cuando se ven alterados, pueden aparecer dificultades en el funcionamiento emocional y social.
Según el marco FLOW, el bienestar psicológico se sustenta en tres capacidades de regulación interconectadas: regulación atencional, regulación emocional y regulación reflexiva.
La capacidad de centrarse en lo que es relevante y significativo en una situación determinada.
Esto incluye:
En niños y niñas, esto puede significar ser capaces de concentrarse en clase, percibir señales sociales o redirigir la atención cuando se sienten frustrados o frustradas.
La capacidad de gestionar tanto emociones agradables como desagradables.
Esto implica:
La regulación emocional permite a niños, niñas y personas adultas afrontar nuevas situaciones, transiciones evolutivas y eventos estresantes sin sentirse desbordados o desbordadas.
La capacidad de pensar sobre las experiencias, interpretarlas y considerar perspectivas alternativas.
Esto incluye:
Esta capacidad se vuelve especialmente importante durante la infancia tardía y la adolescencia, cuando las personas jóvenes están formando su identidad.
En el centro del marco FLOW se encuentra una capacidad más amplia llamada mentalización.
La mentalización se refiere a la capacidad de comprender la propia conducta y la de otras personas en términos de pensamientos, emociones, intenciones y creencias. Nos permite hacernos preguntas como:
La mentalización coordina e integra la regulación atencional, emocional y reflexiva. Actúa como una capacidad de nivel meta que ayuda a las personas a equilibrar recursos y desafíos en la vida cotidiana.
Cuando la mentalización es flexible y equilibrada, favorece el bienestar y las relaciones saludables. Cuando se vuelve rígida o distorsionada —por ejemplo, al malinterpretar las intenciones de otras personas o al estar excesivamente seguro o segura de lo que piensan— pueden surgir malentendidos sociales y dificultades emocionales.
La mentalización no es solo una habilidad individual – desempeña un papel fundamental en las relaciones de cuidado.
Cuando los padres, las madres y el profesorado son capaces de reflexionar sobre sus propios estados mentales y los del niño o la niña con curiosidad y apertura, es más probable que los niños y las niñas:
Sin embargo, el estrés elevado, los traumas no resueltos o las situaciones emocionalmente intensas pueden reducir temporalmente esta capacidad, incluso en personas adultas sanas. Por ello, fortalecer la mentalización es un objetivo central en los programas de prevención e intervención dirigidos a promover el bienestar en niños, niñas y familias.